martes, 9 de febrero de 2010

De un castillo... ( Matrera)


En un día reluciente de finales de otoño, subimos, con mi amiga Marga Temprano, compañera habitual de andanzas entorno a Arcos, al castillo de Matrera por la cara norte. Las ruinas de esta fortaleza de fines del siglo IX, que mandó construir Ben Hafsun, se alzan cerca de Prado del Rey en la sierra de Pajarete, por lo que al castillo se le conoce también por este nombre.
La palabra matrera, procede del árabe muhátara ( acción de arriesgarse) y en castellano significa astuto, experimentado o hábil.

Este es uno de los parajes en alto más atractivos de los alrededores de Arcos. Siento una debilidad por este sitio, con vistas espléndidas a la Sierra (de Grazalema) al embalse de Bornos, y a la campiña que se extiende hacia Sevilla. Ruinas abandonadas que siguen oteando. La imponente torre de homenaje, amante de la flora y la fauna autóctonas - sustenta con paciencia, entre otros, a un acebuche, una higuera y una encina y suele ser cobijo de las cabras-, está rodeada por una muralla que se extiende unos 500m. alrededor del Albácar o patio de armas.

A pesar de lo agreste del paraje se respira una suavidad y una dulzura intensa en este lugar de donde me gusta acudir para un corto - aunque de acceso complicado- paseo. Por otra parte, la única puerta de la antigua muralla que queda en pie en Arcos se llama precisamente puerta Matrera, porque hacia este castillo está orientada, y con una imagen de esta puerta cerramos esta entrada.















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