martes, 21 de junio de 2011

Solsiticio





Me he despertado al alba- quizás porque un pájaro cantaba como en las mañanitas "despierta mi bien despierta mira que ya amaneció...".

Como La Casa Grande mira al sur y san Pedro queda a levante y quiere la aurora para si solito, he salido a la calle al encuentro del sol.
Ya amaneció. En san Pedro han tocado siete campanadas. Desde el mirador de detrás de la iglesia la luz dorada acaricia la mirada. Por las calles no se ve un alma pero en el cielo bullen a centenares.

El aire respira con un murmullo ascendente, en aumento. Los pájaros saludan al sol y le cantan al día más largo. Trinos, gorjeos, zumbidos en ráfagas agudas se cruzan en lo alto, entre las calles desiertas o se derraman al borde del acantilado. La Wing Band de la Peña estalla en el apogeo sereno del solsticio.

Debajo de esa polifonía todavía se escucha el silencio.

Luego he regresado a casa, a La Casa Grande y he comprobado que el solsticio ya nos iluminaba. Y sigue.

elena posa














sábado, 19 de marzo de 2011

En portada


En los últimos meses dos revistas se han ocupado con cariño de La Casa Grande. La revista alemana de decoración LIVING en su primer número nos dedicó un amplio reportaje, Ganz in weiss, en el que aparecen también zonas privadas de la casa y, como no, los cuadros de Ramón Herreros.

VIAJAR, la primera revista española de viajes, nos visitó en un recorrido por diversas mansiones gaditanas.
Aquí aparezco en la terraza con aires de darme la gran vida. La verdad, aunque como hostelera trabaje de sol a sol, es un privilegio vivir aquí, atendiendo a nuestros huéspedes, contribuir a que disfruten en este entorno y compartir con ellos estos horizontes.

¡Bienvenida seas primavera!










jueves, 6 de enero de 2011

Navidad en Familia, John, Julia y Simon, los Brimbley en La Casa Grande


Este año hemos pasado las navidades en familia, con la familia Brimble y con la familia Guix.
Simon Brimble estuvo con su padre, John y con su compañera, Julia, y realizó un móntón de fotos preciosas de La Casa Grande y de Arcos. Ha tenido la gentileza de cedernoslas y ahí están algunas de sus imágenes. Creo que para todos han sido unos días hermosos. ( También para nuestra gata Aurelia que rubrica esta entrada con su presencia protectora sobre el quitasol de la terraza de la habitación de Simon y Julia).
























martes, 15 de junio de 2010

El huerto de Antonio. Ecología y felicidad


Hace unos días un grupo de afortunados visitamos una pequeña Arcadia cerca de Arcos, en Prado del Rey. Se trata de la huerta de Antonio Mulero, que nos provee a lo largo del año de excelentes frutas, hortalizas y huevos que proceden de las fincas que su familia posee en las afueras de Prado del Rey. Antonio y su mujer, Charo, atienden los sábados en un puesto en la plaza de abastos del pueblo. Y el resto de la semana se ocupan de las tierras que cultivan.
Esfuerzo y energía a espuertas, pero al cabo de catorce años de trabajar con procedimiento estrictamente ecológicos, los resultados están ahí. La huerta más grande de la zona y seguramente la mayor armonía que se puede encontrar en muchos kilómetros a la redonda entre el hombre y su trabajo en la naturaleza.

Cuando Antonio tomó el relevo de su padre, Fernando, en el trabajo de las tierras seguía los métodos usuales. Pero pronto se sintió insatisfecho y empezó a indagar, a experimentar, a equivocarse a veces y rectificar y a recoger mucho más que los frutos de su cosecha.
Su amor por el trabajo bien hecho, por observar, interpretar y adaptarse a los misterios de la naturaleza le han dado la sabiduría clara del que sabe escuchar los latidos de las nubes y de la tierra. Alternancia de matas de hortalizas en una misma parcela. Alternancia anual de cultivos. Confianza en el ciclo orgánico de la naturaleza en el que cada elemento puede cumplir su función complementaria.

Antonio lleva con meticulosidad un diario con las tareas que lleva a cabo cotidianamente y anota en su libreta los trabajos que realiza en cada parcela, qué planta en ellas y cuando.
Emociona ver estas matitas de albahaca que encabezan algunas hileras de cultivo.

"Gorri, Gorri, Gorri" grita Antonio y, por el olivar, empieza a derramarse el rebaño de ovejas que acuden a su llamada. Las ovejas "trabajan" segando los campos en barbecho y, de paso, abonando con su estiércol las parcelas para la próxima cosecha.

Las lombrices retozan felices en el espacio donde se produce el "humus", el fertilizante natural. Un prodigio de ingeniería biológica.

Antonio nos muestra el pozo que su padre, Fernando de 83 años, construyó a mano en los años 50. Un trabajo de artesanía.

La serenidad se cuela entre las herramientas de las arduas jornadas de trabajo creando una belleza singular: las capachas y las azoletas en el almacén, los barreños en el lavadero, las "mulitas" en el cobertizo. Testigos silenciosos de la coherencia y de la honestidad en la labor.

La visita a la finca se cerró con una deliciosa degustación de aperitivos hechos con sus verduras y huevos y regado con vinos de Prado del Rey. Y desde aquí un brindis por la familia Mulero- también por los hijos Antonio y Laura- y por ese saber agacharse ante la tierra con entrega, sudor y orgullo.