| Grace Duarte, una argentina de Bariloche que se afincó en Arcos |

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| el rincón de internet está junto al gabinete de masaje y su uso se suspende durante las sesiones |
| Grace Duarte, una argentina de Bariloche que se afincó en Arcos |

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Cuando empecé a vivir en La Casa Grande pasaba largos ratos contemplando los muros encalados. Se transformaban según la luz en archipiélagos o superficies de planetas ignotos y eran especialmente fascinantes de noche. Arrugas hermosas en la piel de la casa. Sólo años y años de escalichar -o sea rascar- y encalar sucesivamente, capa tras capa, habían podido lograr esa prodigiosa textura en bóvedas y paredes. Tengo incluso un marco colgado, sin más, sobre la pared. Ningún “acabado” rústico puede conseguir esa calidad rugosa de un día para otro.
Se dice que Arcos es la puerta de los Pueblos blancos, aunque bajo este eslogan turístico se encuentra una sencilla historia de cal y mujeres. Durante siglos, ellas han cuidado la piel de sus casas embadurnándolas, por dentro y por fuera, con esos terrones de piedra caliza diluidos en agua. Pero más allá de la belleza y el encanto que encontremos hoy en estas calles blancas, hay una tradición de higiene y protección de los hogares que se remonta a los romanos. Entre otras cosas, las paredes blancas mitigan el calor al reflejar la luz del sol; las casas encaladas resistían mejor la entrada de las epidemias que las que no lo estaban; la cal impermeabiliza, pero sutilmente, pues permite que los muros respiren.
En Arcos se suele encalar dos veces al año, al inicio de la primavera, en semana santa, para reparar los desmanes del invierno y a principios de otoño para prepararse antes de la llegada de las lluvias. Cuando se encala, no sólo corre la cal sino también el agua y el jabón, se hace una limpieza a fondo.
Aquí vemos a Beatriz, Laura y Alicia en plena labor de encalado en La Casa Grande ¡Artistas!







inmensos círculos celestes.
¿Cómo aprenden a hacerlo?
Caen y, al caer,
se les dan alas.
Una de las muchas cosas que me sedujeron de La Casa Grande, cuando la conocí, fue que, asomada a la vega desde el borde de la Peña podías ver volar los pájaros a la altura de tus ojos o bajo tus pies. En la Peña, este risco de unos 190 metros, juegan y habitan muchas aves. Ha sido un placer verlas durante años trazar, incansables, sus círculos celestes como en los citados versos de Rumi. Hasta que un día unos clientes encantadores - Ulla, Mauren y Georg- desembarcaron en la casa con un telescopio y me hicieron mirar: varios cernícalos me observaban fijamente desde la torre de san Pedro. Los pequeños halcones que hasta entonces habían sido poco más unos símbolos en movimiento pasaron a ser seres vivos, mis vecinos a los que saludé cortésmente por primera vez. De repente, algo que no había podido ver realmente aunque su silueta hubiera estado siempre ahí, para mi contento o para hilvanarme con muchas cosas, se hacía visible.
Y quise entablar relación no sólo con ellos sino con tantos pájaros, que viven o estacionan en nuestros pagos. Hay que conocer al vecindario, digo. Compré un telescopio y en La Casa Grande vamos a realizar este otoño un Taller de observación de pájaros.
Arcos de la Frontera tiene un entorno muy privilegiado en pájaros que descubriremos de la mano del ornitólogo arcense Claudio Vázquez: cernícalo primilla, martín pescador, avetorillo, calamón común, garceta común, garza real, chorlitejo chico, andarrías chico, cormorán grande, pito real, papamoscas gris y cerrojillo, abubilla, elanio azul y tantos otros. También veremos muchas rapaces terminando el periodo de migración, regresando a sus cuarteles de invierno como el aguila calzada o el halcón abejero.
El taller va a consistir en una introducción para poder identificar y conocer mejor las distintas especies de aves que se van a observar y, fundamentalmente, en salidas alrededor de Arcos- el río, la cola del pantano, el pinar de la Morla, la campiña, las lagunas ...- para contemplar las aves en directo. Este erá el primero de una serie, Talleres en la Frontera, que con temas diversos se realizarán en otoño y finales de invierno en La Casa Grande y que anuciaremos en breve.
El Taller de observación de pájaros tendrá lugar en octubre los días 21 (por la tarde), 22 y 23.
Para más información llamar al 956 70 39 30 o escribir a reservas@lacasagrande.net